martes, 4 de septiembre de 2012

Anónimo


Internet nos ha permitido ser anónimos, nos permite despojarnos de nuestro  nombre, de nuestro numero de documento, de nuestro ser físico, incluso nos permite, si lo deseamos, despojarnos de nuestro ser intelectual. Internet nos permite ser otro, el yo deseado, el yo imaginado, el yo oculto.
Hoy ser anónimo se ha vuelto una herramienta que nos permite expresarnos de manera más honesta, incluso más  que con nuestro rostro expuesto a todos y cada uno de los otros anónimos que forman este otro mundo aparte.
El anonimato incluso nos permite tomar contacto con cosas que nuestro ser físico no podría sin pagar una sentencia. Desde nuestro anonimato no pasamos vergüenza, no ocultamos nuestros deseos, perversiones, pues ya no soy Leandro, soy leaisdead o El Archivista, o solamente un IP que se mueve dentro de un cable que me lleva en busca de lo que mi deseo persiga. Desde el anonimato puedo satisfacer todos los aspectos que mi ser real no podría en sus estado físico.
Desde el anonimato podes construir, hacer revoluciones, generar cambios, esparcir ideas, y mil ejemplos más que le dan al anonimato un sabor único en nuestra vida.
En internet, anónimos, día a día se expresan buscando otros anónimos que consensen con sus palabras, con sus ideas, con sus gustos, con el fin de mover piezas desde la distancia.
Pero qué valor tiene ser anónimos en un momento en que cada palabra expresada necesita tener un rostro, necesita tener un sustento, una esencia, una persona que respalde con sus actos lo que nuestras palabras expresan.
Hoy ser anónimo ya no me parece atractivo, no me interesa que mi opinión, mi palabra, mi expresión cómo Ser este oculta detrás de un avatar y un nik. Hoy quiero ser responsable de lo que soy, pero, ¿Por qué llego a este punto?
Porque desde el anonimato también se puede destruir. El anonimato a permitido que reprimidos y sentenciados puedan salir de su propio capullo en busca  del consenso de ideales que promueven el odio, el genocidio, la destrucción de la democracia, el fin del debate constructor.
Anónimos que detrás de un monitor y con su teclado como arma se permiten reducir todo intento de construcción o discusión de ideas a un simple insulto descalificador avalado por otros iguales o simples idiotas que por ser "antis" salen a proteger a los cobardes que esperan en la sombra.
Anónimos que se creen portadores de verdad y justicia, deshumanizados por sus dogmas y con sus ideas heredadas o construidas por medio del odio salen a la caza de todo aquel que cree y piensa diferente.
¿Pero en que se transforma este anónimo a través de sus actos en esta condición? En un cobarde, un pobre adoctrinado y vacío de contenido a lo igual que aquel que desde la sombra hace a otros actuar en su nombre y engorda egos y billeteras.
Cobardes que no saldrían a morir por sus ideas, ninguno de ellos soportaría estar encadenado en una sala de tortura, ninguno, de eso estoy seguro, se animaría a escribir lo que escriben si tuviesen que responder por ello frente un grupo de soldados con su fusil en el hombro esperando la orden para acabar con una vida de un anónimo que solamente pensó diferente.
"Ellos hablan mucho" diría Mia, pero solo rebotan ideas ajenas por nada, siquiera por ellos, porque si hay algo claro es que de lograr algo con esa actitud no lograran ni derechos ni libertades para si.
 Me canse de ser anónimo, muchas gracias, Leandro Ruiz Día. 

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